jueves, 28 de febrero de 2013

Carlos Silva - Historiador y Critico de Arte



JESÚS MORALES RUIZ – ARTISTA PLÁSTICO  
                                                              
CARLOS SILVA
Historiador y Crítico de Arte

A MI ÚNICA E INFINITA MORADA…LOS OJOS DE CARLOS SILVA.   
“Cuando veo tus ojos me invade un azul fuerte y penetrante, un azul que refleja tu vida y la mía, un azul que amén de su intensidad m
e da paz y me acaricia el alma; en ellos hay momentos de ti y de mí, instantes que veo fugazmente de todo lo vivido, de todo lo deseado, de lo construido y lo destruido…de tu verdad y mentira…muchas veces de ese azul han brotado manantiales intocables, perfectos vivientes, infinitos, que llevan en sí demasiada tristeza en su alma, y si digo alma, es  porque todo lo que de ti nace se lleva parte de tu alma; son melancólicos afligidos… En ellos han vivido el dolor, la desilusión, empero otras veces parecen lagunas, son fijos, inmóviles, inmortales, intocables, imperturbables, pensantes…Creadores.
En espacios de tiempo alguno desfilan destellos cegadores de luz que se convierten en inmensurables constelaciones de estrellas titilantes, fugaces, perennes y hermosas que se pierden en ese infinito azul que son tus ojos.
Tus ojos me dominan, protegen, acarician y torturan; tus ojos revelan todo lo que tú fuiste, eres y serás, pues tus pupilas registran los mejores momentos para convertirlos en entrañables recuerdos…
En ellos, en tus ojos, entre ese azul me veo,  me sumerjo y vuelvo a nacer cada vez  que quiero; por ellos tus ojos aún no se pueden  cerrar, no pueden dejar de mirarme; todavía yo necesito estar en ellos para curarme, excitarme, ampararme, reconocerme y empezar de nuevo mil veces más…Si tus ojos se cierran, me obligarás a consolarme y entregarme a un azul muy triste, muy opaco e inexperto, al azul del cielo…Quien equivocada, apasionada y eternamente más te quiere en tu vida y en la mía…”

Tu Hija Mariana Silva
De ojos de arte. 
                                                                                                                
HISTORIADOR Y CRÍTICO DE ARTE
Carlos Silva nació el 22 de mayo de 1937 en Caracas y muere en la misma ciudad el 19 de noviembre del 2002. Como Historiador y Crítico de Arte tuvo en la vida el privilegio de convivir con artistas; fue uno de los escritores más destacados de Latinoamérica, viajo por distintos países, lo que desarrolló su visión cosmopolita y afirmó más sus raíces venezolanas.
El Dr. Silva a lo largo de su carrera literaria recibió varios premios, entre los que se destacan: Premio de la Asociación  de Escritores de Venezuela (1965); Premio Nacional de Ensayo, Conac (1981); Premio Especial de Investigación en Ciencias Sociales, U.C.V (1981); Premio Internacional Sanders de la República Federal Alemana (1993); Premio Alfredo Boulton  a la Mejor Investigación de Artes Plásticas Conac (1999). 
En 1968 obtiene el título de  Licenciado en Filosofía y Letras,  en la Universidad de Valencia, España. En 1974 obtiene el Doctorado en Estética y Magisterio en el Instituto de Estética de la Universidad de Turín, Italia.
Fue Profesor de Posgrado en el Instituto Universitario Pedagógico, Caracas (1976-1979), y Director del Museo de Bellas Artes de Caracas (1979-1984). Fundador, Director y Profesor de la Escuela de Historia del Arte y Museografía de Venezuela, Universidad José María Vargas (1984-1994). Agregado Cultural de Venezuela en Colombia (1995).
Fue miembro del Comité de Expertos de la  Asociación Internacional de Críticos de Arte Capitulo Venezuela  AICA. Ha publicado los siguientes  libros: Elegías Occidentales (poesía), Madrid, Ograma (1962); Los Océanos (narrativa), Caracas A.E.V (1995); Los Días Grandes (poesía) Mérida (1971); Ornamento y Demonios (Ensayo) Monte Ávila Caracas (1981); Historia de La Pintura en Venezuela Tomo III, Armitano, Caracas (1993); Tomás Golding, Armitano, Caracas (1998); Jesús Soto y La Filosofía, Ed. Durban, Miami (2001). Después de su muerte en el 2002, faltan por publicar 18 textos de Crítica de Arte, Historia de la Cultura, y  Filosofía del Arte.

TRANSFIGURACIÓN DE LUZ.
El Dr. Carlos Silva, virtuoso escritor, desarrolló todos los géneros literarios (poesía, narrativa, ensayo), investigo la vida y la obra de los grandes maestros de la plástica nacional (Marcos Castillo, Tomás Golding, Héctor Poleo, Jesús Soto,  entre otros), y escribió el texto de los catálogos de las exposiciones individuales : “Transfiguración de Luz” (1990), Centro Armitano de  Arte, Caracas, y “Espacios de Luz” (1994), Museo de Arte de Coro, (Edo. Falcón), del Artista Plástico Jesús Morales Ruiz. Cito textualmente una breve síntesis del texto de Transfiguración de Luz: “Si el arte ciertamente trasciende la mera expresividad subjetiva de quién lo hace, para desenvolverse lejos de todo solipsismo en el ámbito de lo simbólico, interpretando y comunicando, entonces toda pregunta sobre la calidad estética de una obra debe: dirigirse hacia la característica lingüística de ésta en el lenguaje plástico, habría una co-presencia imbricada de la intencionalidad del creador, de las concreciones físicas y significativas de la obra y de su funcionamiento como vehículo de cohesión y estimulaciones sociales. Por lo mismo las variaciones idiomáticas que se van dando a lo largo del itinerario creativo de un artista constituye el indicio fundamental para el establecimiento de juicios valorativos –sin que ello implique, por cierto desdeñar otros factores que el crítico suele tomar en cuenta, conscientemente o no, como la comparación de los realizados por el artista con otras proposiciones plásticas del momento, la repercusión que la obra expuesta tuvo en el medio cultural y que se ha escrito sensatamente sobre ella. 
Ante el conjunto de pinturas de Jesús Morales Ruiz, observadas y admiradas atentamente y recientemente en su taller, el párrafo inicial de este texto cobra plena validez para comprender lo que ha buscado, logrado y transmitido este artista en  la constitución de un lenguaje a través de poco más de una década, el cual culmina –por ahora- en estos esplendidos óleos que van a ser mostrados al público en buena hora para las artes plásticas. Para llegar a esta fascinante y densa proposición, Jesús Morales Ruiz no ha tenido “prisa vanguardista” que tanto angustia –y a veces hace zozobrar- a muchos pintores jóvenes. Con gran paciencia empeño y meticulosidad, él se ha ido formando a partir de 1974, en una tradición de aprendizajes que revela desde el primer momento, una actitud muy notable en su pintura: reconocer que un artista nace en medio de un lenguaje aislado por otros en la historia, para hacerlo suyo y luego dar paso a las transformaciones  y al libre juego de los códigos lingüísticos debe estudiarlo morosamente, a la antigua usanza, tanto en institución  como la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas y  en el Centro de Enseñanza Gráfica, como en el asiduo a los talleres de artistas que contribuyeron a la consolidación del modernismo en Venezuela: Juan Vicente Fabbiani, Luis Alfredo López Méndez, y Tomás Golding…El proceso de transformación tomó vida
amplia y fluida, pues lo espiritual predomina y selecciona, hace lo que le viene en gana con  los “datos objetivos” a los cuales el artista mantiene  alusivamente en los lienzos…
De este modo, a través de una lenta decantación de alternativas previstas desde el comienzo de su trayectoria artística y de la afirmación de lo escogido, el artista se inscribe y legítimamente en la tendencia del llamado “Nuevo Paisaje”, sin haber forzado situaciones y experiencias. El estar en guardia de sus raíces y actitudes llevó naturalmente a Morales Ruiz a la vanguardia, a una de las facetas más celebradas del acontecer plástico de los últimos años. Con el color la atmósfera y la idea, el artista inventa la montaña confiriéndole así a la obra pictórica la libertad de su autosuficiencia, con la ventajosa pérdida de la claridad referencial de lo que aspira ser representativo…
Podría afirmarse entonces que Morales Ruiz “Inventa Mundos” –como en el fondo lo hace todo artística auténtico- o bien, que no pinta lo real sino que “pinta la pintura”, pero tales conceptos sólo serían válidos y aplicables a la obra de Morales Ruiz si alejamos de ellos toda alusión a alguna alusión del formalismo. Nada sería más erróneo que confundir la auto referencialidad de la imagen de los cuadros de Morales Ruiz con la ausencia de significados trascendente de la sintaxis pictórica, como si el virtuosismo de ésta fuese un lúcido y aséptico “fin de fines”…
El entorno paisaje no es entonces, representación  icónica en la pintura de Morales Ruiz, sino símbolo de muy amplias y profundas connotaciones, en vez de explorar y registrar lo real-natural que nos circunda, Morales Ruiz lo transpone en un proceso donde la materia se espiritualiza y el espíritu se hace materialización artística, y por lo tanto simbólica. Veladuras, horizontes insólitos, evanescencias, climas de tonalidades húmedas, comarcas de fabulación, enigmas traslucidos, energías que en el color se concentran y se apaciguan , y mucho más se da en estas obras cuya factura impecable no es sino un medio para ampliar nuestro mundo de aspiraciones, experiencias y significados…”

Jesús Morales Ruiz                                                                                      
Artista Plástico

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